relatos inquietantes:
Estaba a salvo. Lo habían llevado a tiempo al hospital, y el suero corría por su brazo, y su cuerpo se empapaba de sangre nueva. Comenzaba una nueva vida, y todo lo anterior carecía de sentido.
Poco a poco, arrulado por las voces, se quedo dormido. Cuando lo intentó, no pudo despertarse.
Espido Freire